16o. Dom Ord Ciclo B (Id=488)

Primera Lectura

Reuniré el resto de mis ovejas y les pondré pastores

Lectura del libro del profeta Jeremías
23, 1-6

¡Ay de los pastores que extravían y dispersan el rebaño de mis pastizales! -palabra del Señor-. Por eso, así dice el Señor, Dios de Israel, contra los pastores que pastorean a mi pueblo: Ustedes han dispersado mi rebaño, lo han ahuyentado sin preocuparse de él. Pero yo me voy a ocupar ahora de ustedes, palabra del Señor, y castigaré sus malas acciones.
Yo mismo reuniré el resto de mis ovejas de todos los países por donde las dispersé y las traeré a sus praderas, donde crecerán y se multiplicarán. Pondré al cuidado de ellas pastores que las apacentarán; no temerán más ni se espantarán, ni volverá a faltar ninguna, palabra del Señor.
He aquí que vienen días, palabra del Señor, en que yo suscitaré a David un retoño legítimo, que reinará con sabiduría, que practicará el derecho y la justicia en esta tierra. En sus días se salvará Judá, e Israel vivirá en paz. Y lo llamarán así: "El Señor nuestra salvación".
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

Salmo Responsorial

Sal 22, 1-3a.3b-4.5.6

El Señor es mi pastor, nada me falta.
Dóminus pascit me, et nihil mihi déerit

El Señor es mi pastor, nada me falta: en prados de hierba fresca me hace descansar, me conduce junto a aguas tranquilas y renueva mis fuerzas.
El Señor es mi pastor, nada me falta.
Dóminus pascit me, et nihil mihi déerit

Me guía por la senda del bien, haciendo honor a su nombre. Aunque pase por un valle tenebroso, ningún mal temeré, porque tú estás conmigo; tu vara y tu bastón me dan seguridad.
El Señor es mi pastor, nada me falta.
Dóminus pascit me, et nihil mihi déerit

Me preparas un banquete para envidia de mis adversarios, perfumas con ungüento mi cabeza y mi copa está llena.
El Señor es mi pastor, nada me falta.
Dóminus pascit me, et nihil mihi déerit

Tu amor y tu bondad me acompañan todos los días de mi vida; y habitaré por siempre en la casa del Señor.
El Señor es mi pastor, nada me falta.
Dóminus pascit me, et nihil mihi déerit

Segunda Lectura

Cristo es nuestra paz; él ha hecho de los judíos y de los no judíos un solo pueblo

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios
2, 13-18

Hermanos: Ahora, en cambio, en Cristo Jesús y gracias a su muerte, los que antes estaban lejos, han sido acercados.
Porque Cristo es nuestra paz. El ha hecho de los dos pueblos uno solo, destruyendo el muro de enemistad que los separaba. El ha anulado en su propia carne la ley con sus preceptos y sus normas. El ha creado en sí mismo de las dos pueblos una nueva humanidad, estableciendo la paz.
El ha reconciliado a los dos pueblos con Dios uniéndolos en un solo cuerpo por medio de la cruz y destruyendo la enemistad. Su venida ha traído la buena noticia de la paz: paz para ustedes los de lejos y paz también para los de cerca; porque gracias a él unos y otros, unidos en un solo Espíritu, tenemos acceso al Padre.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

Aclamación antes del Evangelio

Aleluya, aleluya.
Mis ovejas escuchan mi voz, dice el Señor; yo las conozco y ellas me siguen.
Oves meae vocem meam áudiunt, dicit Dóminus;et ego cognósco eas, et sequúntur me

Aleluya.

Evangelio

Andaban como ovejas sin pastor

Lectura del santo Evangelio según san Marcos
6, 30-34

Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, los apóstoles se reunieron con Jesús y le contaron todo lo que habían hecho y enseñado. El les dijo:
"Vengan ustedes solos a un lugar deshabitado, para descansar un poco".
Porque eran tantos los que iban y venían, que no tenían ni tiempo para comer.
Se fueron, pues, en la barca, ellos solos, a un lugar deshabitado. Pero los vieron alejarse y muchos, al reconocerlos, fueron allá por tierra desde todos los pueblos, llegando incluso antes que ellos. Al desembarcar, vio Jesús un gran gentío, sintió compasión de ellos, pues eran como ovejas sin pastor, y se puso a enseñarles muchas cosas.
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.

[Misa]

Se dice "Credo".

Prefacio

El día del Señor

En verdad es justo bendecirte y darte gracias, Padre santo, fuente de la verdad y de la vida, porque nos has convocado en tu casa en este día de fiesta.
Hoy tu familia, reunida en la escucha de tu Palabra y en la comunión del pan único y partido, celebra el memorial del Señor resucitado, mientras espera el domingo sin ocaso en el que la humanidad entera entrará en tu descanso.
Entonces contemplaremos tu rostro y alabaremos por siempre tu misericordia.
Con esta gozosa esperanza y unidos a los ángeles y a los santos, cantamos unánimes el himno de tu gloria:
[Misa]

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